El último abrazo
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Si hubiera sabido que era el último abrazo, te habría sostenido un poco más, habría cerrado los ojos para memorizar tu aroma y le habría pedido al tiempo que no avanzara.
Pero te solté, con la inocencia de quien cree que habrá un mañana, sin saber que mis brazos estaban despidiéndose del lugar donde alguna vez fueron felices.
Y hoy, cuando la nostalgia me visita, comprendo que lo que más duele no es tu ausencia, sino recordar que te tuve tan cerca y no sabía que era la última vez.
Porque hay abrazos que terminan en los brazos, pero nunca se desprenden del alma.